Tejer el agua
En Diagonal Raúl Leccese. Tejido y movimiento consciente colectivo. Presentamos esta propuesta como una performance pública y participativa en la parte baja del arroyo, un área canalizada y degradada. A través del tejido con fibras naturales, crearemos una trama simbólica que nos conecte con el entorno sonoro registrado en la parte alta del arroyo, menos intervenida. La experiencia comienza con un tejido núcleo elaborado previamente, del cual se desprenden nuevos tejidos realizados por les participantes. Los tejidos se realizarán con fibras blandas y materiales recolectados en la zona alta del arroyo. En la actividad participarán vecinos del barrio Los Pocitos y público en general. A partir de la escucha del paisaje sonoro traído desde “arriba” propiciaremos movernos, entrelazados colectivamente por el tejido creado, siendo yungas. Haciendo presente esa ausencia, trayendo la voz y la corporalidad serpenteante del arroyo a su cauce perdido.
22 de marzo de 2025
El 22 de marzo es el día del agua dijo Celina ¡ese día tiene que ser!
Nos preparamos tanto… desde hacia meses imaginábamos ese encuentro.
Es que tejernos agua fue tan fuerte, tan blando, tan mullido y comunitario.
Primero, unos días antes nos sentamos con la Vero de La Guayaba (nuestra querida compañera educadora ambiental) en el parque frente al totoral y al puente, que une Lomas de Tafí con Los Pocitos, ese que desde arriba deja ver el cerro, ese que une mundos. Estuvimos con Manuel Auteri, el señor que cuida las Totoras desde 2015.
Ahí decidimos la forma y el tiempo.
Llegamos temprano ese día, armamos una carpa y preparamos el lugar para el encuentro. El municipio nos trajo bancos y nos preparó la bajada de luz para el parlante. La gente fue llegando de a poco, Las vecinas de La Toma y La Nina llegaron en vehículos de la municipalidad, Los Pocitos y Lomas caminando, se vino gente de la ciudad y de más allá también.
Empezamos caminando, poniéndonos en la acción de recorrer, sentimos el olor del descuido en las aguas grises del arroyo, vimos al totoral resistir en sus flexibilidad y belleza. El sol nos mostró su filo arriba del puente y nuestros cuerpos se volvieron agua, sudor, evaporación, nuboselva. Desde miramos al cerro tapado por nubes, cruzamos juntos y llegamos allá donde el arroyo subsiste rectificado y maltratado, allá donde inunda el barrio con vapores nauseabundos.
Una vecina de la toma exclamó con bronca: ¡éste no es mi arroyo! Las vecinas de Los Pocitos lo miraron con ojos lejanos, cansados de tener tanta agua y no tener ninguna.
Caminamos juntas, juntos… transpiramos.
Volvimos al parque, tejimos, tomamos agua fresca, descansamos.
Ahí la Vero nos fue llevando y cuando nos dimos cuenta éramos agua danzando entretejidos por Las Yungas. Nos movimos entrejiéndonos, fluimos arroyo. Es que literalmente sonaba el arroyo, ese paisaje sonoro viajó y se amplificó en ese parlante, empapándonos de Yunga.